Desde un tiempo a esta parte, a mi hermano Gabriel lo asaltó la necesidad de dejar registro escrito de los primeros recuerdos. Dado que me lleva dos años en edad, hay muchas cosas, circunstancias, datos, anécdotas que yo desconocía o los sabía a medias, por relato oral.
Fue así que empecé a recuperar información referente a la familia de mi abuelo Domingo Molfino, papá de mi mamá, quien falleció joven, a sus cuarenta y ocho años, poco menos de tres meses antes de que yo soplara mis tres velitas.
Todo este ejercicio de la memoria motorizado por los relatos fraternos activó mi necesidad de rellenar huecos existentes en la rama materna de mi madre. Domingo Molfino (1915-1963) se casó con Renée Cattáneo (1916-2011), hija de Juan José Cattáneo y América Raymunda López. Nunca supe quién fue el papá de mi bisabuela América lo cual -dado el apellido López-no me aportaría demasiado en la remontada de esa rama del árbol genealógico.
Ahora bien: mi abuela Renée tenía dos hermanos: Héctor y Dino (el joven). A su vez tenía al menos un tío por parte de padre, Dino (el viejo), a quien conocí y creo que era viudo de la tía “Tona” quien, vaya casualidad, era madrina de Elba (o “Porota” o “Pama”) Poto, abuela materna de mi amiga Gabriela Bellettini; pero esa es otra historia.
Pocos días atrás (cuando este texto estaba ya muy avanzado) mi prima Adriana -tan bisnieta como yo de América Raymunda- me acercó documentación donde consta que el 2 de agosto de 1888 José Cattáneo (carpintero) contrae enlace con Josefa Teira Caldelas. José era hijo de Juan Cattaneo y de Palmira Mangili. Doña Josefa era española y los demás, italianos. Vale decir que mi bisabuelo Juan José Cattáneo era hijo de un italiano y una española.
Pero ¿y los López? Hasta donde recuerdo y sé (que no es mucho), la abuela América era nacida alrededor de 1892 y falleció en 1975. El apellido de su madre habría sido Córdova, una mujer de sangre india quien, decía Renée, nunca había usado calzado.
Como hermanos de América ubico a la tía Celina (una “vieja” muy divertida que me regaló la Victrola a cuerda de los primeros años del siglo XX que había sido de su finado esposo Carlos, quien partió muy joven de este mundo); la tía “Lala” (Estanislada), el tío Federico, el tío Fulgencio y creo que el tío Hortensio. Uno de estos dos vivía, quizás, en la isla Paulino. Creo que en total eran 12 hermanos, por lo que me permito anotar entre ellos algunos nombres que me quedan sueltos, tales como las tías Adela y Zulema.
Acá es donde aparece un tropel de interrogantes. La tía Celina vivía en Bernal y a la tía Lala recuerdo haberla visitado en Quilmes. Pero a la tía Zulema la recuerdo en Ensenada -de donde eran tanto los López como los Cattáneo-, en Avellaneda y en Quilmes. Presuntamente sería la mamá de “Porota” (otra Porota, quizás prima de mi abuela Renée) pero ahí se me entreveran nombres como Alicia, casada con Adolfo Panza, un señor cuyo apellido me causaba (y me causa) mucha gracia y vendría a ser una especie de predecesor del señor Barriga de El Chavo del 8. En este entrevero quilmeño aparecen nombres de gente más joven como María Fernanda, su hermano “Coqui” y” Chuchi”.
A su vez en La Plata (barrio El Mondongo, para más datos, donde se habían asentado los Cattáneo-López) vivían las “chicas” de Bianchi o Bianqui (Carmen y Lía, “solteronas”, se decía por entonces) hermanas de Nélida, quien estaba casada con un señor de apellido Olsen y junto a su hija Mónica vivía en Berazategui. Nélida era madrina de mi mamá. Lo cierto es que las tres eran primas de mi abuela Renée por parte de padre. Eso creo.
Carmen y Lía vivían junto al tío Esteban (¿viudo de una López o de una Cattáneo?). Además rondaban las conversaciones y algunas reuniones familiares la tía Ada, el tío Alfredo, el tío Enrique, y algún otro longevo personaje que no sabría dónde ubicar. Porque casi todos tenían en común ser gente de edad bastante avanzada y portadores del apellido López, razón, ésta última, que intimida cualquier intento de remontar esa rama de mi árbol genealógico.
19 ago 26
