sábado, 11 de abril de 2026

Justificativo

 

         Se me hizo tarde porque se me rompió el celular y pasé por la agencia de quiniela para que el muchacho me lo arregle. Un fenómeno, el muchacho de la quiniela. Siempre me lo arregla él el celular, y si no puede en el momento, me presta un aparato mientras me arregla el mío. Amigazo. Siempre le llevo para que me arregle el teléfono y de paso juego unos pesos al Quini. ¿Ubicás dónde es? Sobre el camino Belgrano, dos cuadras antes de doblar para mi casa, ahí en la esquina. Un fenómeno, es. A parte, buen tipo.

 

         Y ya salí tarde porque vi que estaba mi vecina Vero barriendo la vereda y le pregunté cómo andaba la perrita. Una ovejera, tiene, que pobrecita, tenía un bulto en la parte de atrás, acá, así, ¿viste? Y la tuvimos que llevar al veterinario y la operaron. Un genio, el veterinario; a parte, un tipazo. Entonces, yo se la estoy curando a la ovejera, porque todavía no le cicatrizó la herida de la operación. Esa perrita es la grande, porque aparte tiene otro, macho, que juntó de la calle, mezcla de caniche, debe ser, con no sé qué. Es flaquito y tiene todos rulos. ¡Un hinchapelotas, es! Pero es buenísimo, es lo más manso que hay. Con decirte que el otro día el gato le estaba comiendo la comida y ni se inmutó; no le molestó para nada, mirá. Sonn divinos los dos, la ovejera (la que te dije que está operada por un bulto que tenía acá atrás, y este otro. A los dos les corto las uñas, les paso una crema cuando tienen algo en la piel, así. Viste cómo soy yo con los animales… Y de paso le pregunté si se le había llovido el dormitorio, porque la otra vez le tuve que emparchar el techo porque se le metió agua debajo de las chapas y se le chorreó toda una pared. Que ahora voy a tener que pintarla.

 

         Y a mi otra vecina también, la que vive del otro lado. Porque Vero vive pasando mi casa de este lado, como yendo de acá para allá, primero viene Vero y después mi casa; y Cristina vive pasando mi casa, pegado a la mía, también. Son reamigas conmigo y con mi mamá; buena gente, las conozco de años. Y… yo hace como 18 casi 20 que me mudé ahí. Antes vivía en La Plata, yendo para Los Hornos, por donde vive mi hermana, la más grande. La otra hermana, la más chica, vive a la vuelta de casa. ¿Viste el almacencito donde compro el fiambre y el queso para comer una picada, que está enfrente de un chalet grande que yo te conté que una vez le lijé y le pinté todas las rejas y cuando terminé me dicen que no les gustaba el color y tuve que pintarla toda de nuevo? Bueno, cruzando así, para allá, vive mi hermana, la más chica, que el hijo, mi sobrino, vino la otra vez cuando te pusimos la puerta esa en el fondo. Un fenómeno, mi sobrino. ¡Es un aparato!

 

         Y mi vecina, no Vero sino la otra que vive pasando mi casa, al ladito, te decía, tiene gato y perro. Se llevan bárbaro pero el perro es grande, más que el tuyo pero el perro casi igual y debe pesar como treinta kilos. Una vez estaba abierto el portón de la casa porque no me acuerdo qué había salido a hacer ella y entró dos segundos so sé para qué y justo vino mi primo, bajó de la camioneta y se le paró con las dos patas en el pecho, así, che. Tiene unas patas así de grandes. ¡Qué julepe se pegó mi primo! Vos lo conocés; me vino a ayudar cuando pusimos el portón en lo de tu hijo. ¡Cómo laburamos ese día! Porque los postes los enterramos como más de un metro y quedaron casi dos metros afuera, todavía. De quebracho, eran, de esos del ferrocarril cortados a lo largo al medio. Bueno, vos lo sabés, si los compraste vos. Pobre mi primo, encima hacía un calor de locos.

 

         Otra vuelta también me ayudó a pintarle la casa a este otro muchacho que yo te conté, amigazo mío, que tenía como doce restoranes y se fundió. A ese le pintamos todo, por dentro y por fuera, y le puse como treinta metros de canaleta. ¿Podés creer que no tenía canaletas en el techo? Y claro, le entraba el agua de lluvia no por rajaduras sino por que el agua iba para cualquier lado, porque además el techo tiene poca caída. ¡Son vagos, eh! Cuando no quieren trabajar te cobran pero te dejan el trabajo a medio hacer.

 

         Decí que yo aprendí construcción de mi viejo, que era albañil. La casa de nosotros la hizo él desde los cimientos. Y el quincho, vos conocés el quincho, te lo mostré, con la parrilla y todo. Ahí nos juntamos con los muchachos a comer asado y nos quedamos hasta tarde. Bueno, no muy tarde, si no al día siguiente no se levante nadie. La otra vez les contaba a los muchachos de ese que te pintó a vos, que no venía a trabajar antes de las 11 de la mañana porque la mamá no podía despertarlo antes. Y como se quedaba de joda hasta las tres… ¡Qué aparato! ¡A los 42 años lo tiene que despertar la mamita! Los muchachos se matan de risa cuando se los cuento. Porque te conocen todos; aunque nunca te vieron, te conocen porque yo les cuento que sos mi amigo. Y sí, ya hace varios años que te trabajo, así que para mí sos un amigazo.

 

         Como te decía, el quincho está al fondo y mi vieja duerme en la habitación del frente, así que ni nos oye. Tenés que venir a comer con nosotros. Y ahí, frente a la puerta ventana que está al costado de la mesa, frente a la heladera, ¿viste?, está la planta de ciruelas. ¿Te gustaron las que te traje la otra vez? No te imaginás la cantidad que dio este año. Así de grandes y un montonazo. No me alcanzaban los baldes y la palangana para ponerlas cuando las cortaba.

 

         Y somos como diez cuando nos juntamos; a veces más. A veces viene mi sobrino, no el que vino a ayudarme cuando pusimos la puerta sino el otro, el que pasaba por ahí por la esquina una mañana cuando yo estaba poniendo membrana en el techo acá de la cocina y yo lo saludé desde arriba porque no me había visto. Ese también vino conmigo a trabajar acá. Con él pintamos el quincho para protegerlo de las polillas y del fuego. Un laburazo, hicimos. Ahora anda de remisero, mi sobrino; tiene un Corsa celeste, así, medio como metalizado. Capaz que lo vez, porque viene seguido por acá.

 

         Se había enamorado de una clienta mía. Bah, la mina no le daba bolilla porque está casada, tiene hijos, pero él la había llevado una vez a la escuela de los chicos porque ella había pedido un auto a la remisería. ¿Viste la que está pasando los semáforos después del arroyo, así, a un costado? Ahí trabaja mi sobrino. Y a esta chica que te digo que le gustaba a mi sobrino, se le rajó todo el techo de una galería. Nuevo. Le hicieron una losa sin junta de dilatación, así que lo agarró la temporada de mucho calor como ahora pero hace un par de años y se le rajó toda. ¡Toda! Tuve que picar, meter un sellador con caucho que encima es carísimo, membrana en pasta como tres capas, esa que se aplica con un secador de piso, después membrana autoadhesiva y otra vez membrana en pasta. Y quedó. Además, el marido es un fenómeno, remacanudo. Me dijo donde trabaja pero ahora no me acuerdo cómo se llama el lugar ni qué hacen.

 

         Menos mal que para ese laburo no lo llevé a mi sobrino, porque yo no sabía de esa historia y este es medio aparato. Yo sé que no me va a hacer quedar mal, pero si seguía enganchado con esta chica, se iba a armar. Ahí fui con mi amigo, ese que te digo siempre que no le gusta laburar. Pero labura bien, es cumplidor, responsable, pero si fuera por él no laburaría nunca.

 

         Con él fui a pintar a lo de tu amiga Gabi, que me recomendaste vos. No; la primera vez que le pinté a Gabi no, porque era poco lo que había que hacer y mi amigo justo estaba descompuesto y yo le curé el empacho. A Gabi ya van como cinco años que le trabajo. Que la reja, que el fondo del parque, que un arreglo del techo, que la casa de la mamá… Es un fenómeno, Gabi. A la mamá también le pinté. Y en frente. No, en frente de Gabi no sino de la mamá. Macanuda, la señora. Peroo no justo enfrente sino medio así en diagonal. Y ahora me dijo que le pasó mi número a la cuñada. Por eso necesitaba que el muchacho de la quiniela me arreglara el celular y se me hizo tarde. Un fenómeno el muchacho de la agencia de quiniela. ¿Te dije, no?

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10 abr 2026

jueves, 9 de octubre de 2025

Ge

 ¡Grande, Gigio! Un genio; graba guarismos gastando páginas, pegando figuras, figurando grafitis.

Gime la guitarra sobre su barriga. Gozoso, regurgita góspel cual gárgolas góticas en la viga del ángulo. Hay gallos y gallinas de Guinea, un gladiador guardián, general llegado de la guerra riega, agitado, gladiolos y margaritas con agua gredosa. ¿Jugo de granada o granadina? ¿Ginebra?

Gigio guarda la greña con gel en la gorra gris y beige. Aguarda al fotógrafo que registrará su imagen; figura en su agenda garabateada con grafito. Gordo y goloso, grasosa la guata, engulle en Guernica galletas de girasol con gruyere gratinado en el fuego, con aguardiente y grapa. Una genialidad que le genera gozo. Glup, qué regocijo.

lunes, 6 de octubre de 2025

Esperando al “alemán”


 

         Después de algunos años, me encontré al profesor Cardo cara a cara. Por lo general lo cruzaba a lo lejos, un saludo de cortesía con un gesto, y nada más. Pero el otro día coincidimos en un evento cultural, se me acercó, y nos pusimos a conversar. Los años se le notan -seguramente que a mí también, aunque en menor medida- en la tez rosada del rostro curtido y en el cabello aún abundante pero blanco como la tiza que empuñaba en sus tiempos de aula y matemática.

          Sigue histriónico como antes, con cierto y particular humor a la hora de contar un chiste (o lo que él consideraba que lo era) o referirse al cuadrado de la hipotenusa. Ya no viste saco y corbata; las otras noches lucía un equipo deportivo en rojo, azul y blanco.

          Luego de saludarme afectuosamente comenzó con una de sus tantas historias que un poco por el tono bajo de su voz y otro poco por el murmullo reinante en el ambiente, no pude seguir de cabo a rabo. Algo me refería de un conflicto recurrente con el cura de la iglesia vecina de la escuela en la que él era director, una discusión en la que él parecía tener la razón, y dada mi imposibilidad de seguirle el hilo del relato, voy a darle la derecha.

          Alcancé a entenderle que en una larga charla que tenía por finalidad hacer las paces, el párroco le enunció tres puntos fundamentales para la buena vecindad. Los dos primeros no significaban nada del otro mundo para el docente, y el tercero implicaba promesa de no revelarlo a nadie. Rápido para las reacciones, Cardo respondió que le juraba silencio en esa cuestión, pero que no garantizaba nada si algún día lo atacaba el Alzheimer.

          Con un canapé en una mano y un vaso con gaseosa en la otra, lanzó una carcajada muy cerca de mis narices cerrando el relato:

-Así que acá estoy, con mis 80 años, esperando que me agarre el Alzheimer para revelar sin cargo de conciencia ni culpa alguna el gran secreto que el cura me ordenó que guardara bajo siete llaves.

martes, 23 de septiembre de 2025

Yuyos para la buena suerte


 

Los tréboles y su presencia en nuestras vidas es el tema de esta semana. Pasá y escuchá, sos bienvenido.
https://open.spotify.com/episode/4OT8sYdXpDhwP3dGLbRIrt?si=4U2HxK0BRdqfs1cur9pC0g

martes, 16 de septiembre de 2025

Blablateca n° 12

 

  


"Sobremesa" es el tema del programa n° 12 de Blablateca. Pasá y escuchá; sos bienvenido.

https://open.spotify.com/episode/6qeudjAteWGaw4ySqRFTCI?si=_FCyrlI5RECJPou02_GIAA

 

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