jueves, 18 de junio de 2026

Poeta en apuros

 

        

 

        Cada jueves a la tarde la redacción del semanario del pueblo era un hervidero. Con la caída del sol se cerraba la edición que se diagramaba y se armaba esa misma noche, se imprimía a varios kilómetros de allí, y en las primeras horas sabatinas llegaban los paquetes con los ejemplares tamaño tabloide olientes a tinta fresca y papel.

 

         Entonces iniciaba la labor de los repartidores casa por casa. Algunos de ellos eran, durante la semana, los responsables de vender publicidad a los comercios locales y cada sábado, bien temprano, salían a pedalear sus bicicletas y arrojar cada ejemplar, envuelto en polietileno, en el jardín de la casa de los suscriptores. No faltaba quien, para poder llegar a los barrios menos accesibles, hacía su reparto a lomo de caballo en pelo. Para muchos lectores escuchar el sonido del diario al caer en su porche era la señal de que ya era hora de levantarse y desayunar enterándose de las novedades del barrio, del pueblo, incluyendo la historia, el humor y los cuentos y poesías de artistas locales.

          De la poesía trata, precisamente, este relato. Y de cada jueves a la tardecita, y del clamor de un poeta a su secretario de redacción, que le reclamaba los textos para la sección “Literarias”.

          -Esperame un rato, Coco. Me falta terminar un poema que estoy escribiendo…

         -Metele, Rodolfo. Porque lo tuyo todavía falta ilustrarlo. En todo caso aviso que va más tarde, pero sale sin dibujo…

         -¡Nooooo! Por favor, sin ilustración no quiero.

         -Es que no hay tiempo, Rodo. Me apuran desde el taller.

         -¿Y qué hago? Ayudame…

         -¿Que te ayude? ¿Querés que yo te escriba lo que te falta?

         -Y... son tres versos, nomás. Pero no me salen.

         -A ver, dame…

          Y así, en más de una oportunidad, se cerraba subrepticiamente y en colaboración la sección literaria de algunas ediciones del semanario del pueblo. Coco juraba el más absoluto de los secretos y Rodolfo sentía un enorme alivio en el pecho y agradecía con un abrazo. Coco sonreiría con satisfacción cada vez que un lector ponderaba los poemas que firmaba Rodolfo, ese compañero del semanario que en la tarde de un jueves cada tanto, falto de inspiración, acudía desesperado clamando ayuda.


18 jun 2026.      

miércoles, 17 de junio de 2026

Limpiavidrios


 


         Podría ser que Charly no se llamara Carlos. De hecho lo hemos visto responder con educada naturalidad a un sinnúmero de nombres y apodos diferentes. Unos quince años atrás, tal vez acusara algo más de tres décadas acurrucadas en el devenir cotidiano de sobrevivir limpiando parabrisas de autos en una de las esquinas más apetitosas de la aldea porteña.

 

         Alrededor de 1,70 metros de una estatura coronada por cabellera rebelde entre castaño y rubio, barba al tono rasurada por última vez, eventualmente, una vez a la semana.

 

         Vestía una musculosa de color indefinido a fuerza de variada suciedad autoconvocada sobre la trama textil y pantalones tácticos camuflados en tonos de verde y pardo. Lo hemos visto calzar borceguíes huérfanos de betún o zapatillas en vías de extinción amarradas con cordones deshilachados.

 

         En aquellos tiempos del incipiente siglo XXI Charly ocupaba su puesto laboral en la esquina de Cerrito y Santa Fe, en CABA, donde tenía parada el ómnibus rápido que unía Buenos Aires con La Plata. Pero a Charly no le interesaba viajar sino el semáforo de esa intersección, que al encenderse en rojo le servía en bandeja una tentadora clientela de parabrisas sucios pasibles de ser limpiados por él.

 

         No estaba solo, el hombre; un perro tan callejero como él lo acompañaba y se entretenía jugando con una botella plástica mil veces aplastada por la impiedad de los neumáticos, peregrinos y citadinos.

 

         Charly cuidaba muy bien de su amigo. Si el juguete excedía los límites mínimos de la exigua plazoleta sobre la que aguardaban que el tránsito se detuviera, el can ensayaba un ladrido junto a una mirada de clamor sin bajar a la calzada. Entonces Charly era capaz de detener el mundo entero aunque en el semáforo brillara la luz verde y lanzarse a la misión de rescatar el juguete de su compañero.

 

         En cada corte de semáforo no perdía tiempo y ofrecía servicial su arte de higiene vítrea. Lo hacía con la simpatía de quien se siente sabedor de que no es fácil convencer al conductor de que acepte su labor a cambio de unos pocos pesos. Su rutina no era tal, en realidad. Sabía cómo encarar al potencial cliente según el vehículo y la expresión de quien lo condujera.

 

         Aquella tarde en que se ganó los aplausos fue cuando la rubia al volante de un Peugeot 308, con el ceño fruncido le negó el permiso para siquiera posar un dedo sobre el parabrisas. Entonces Charly sacó la carta ganadora de la manga que no tenía y a través de la ventanilla levantada le advirtió en spanglish, dando muestras de un bilingüismo lleno de remiendos:

 

“Ok. I don’t touch your car. Pero tené warning because a siete cuadras está el obelisco y con la mugre que tenés en el vidrio no lo vas a ver y te lo podés llevar puesto. ¿Ta?”.

 

         A la rubia se le escapó una sonrisa, bajó el vidrio y cuando Charly hubo terminado, depositó sobre su mano con restos de detergente una generosa propina que, con su oratoria, se había ganado.

 

12 jun 26

martes, 16 de junio de 2026

Ce, ese, zeta

 


Juegos de palabras para esta semana en Blablateca. Pasá y escuchá; sos bienvenido.

https://open.spotify.com/episode/2hYoshLKEBuOg6qn3KVQ2U?si=e113184ac54f44a9

lunes, 1 de junio de 2026

Blablateca n° 27

 

Pasá y escuchá; sos bienvenido al programa n°27 de Blablateca:
https://open.spotify.com/episode/0UrGwRXOkOXw1ClMFmQX32?si=R34u_nnJS7io6ZLt4tOPUA

domingo, 17 de mayo de 2026

Cuerpo a tierra - Blablateca

 


https://open.spotify.com/episode/69utfVH1xUQXZRXn2K8jm4?si=ryHzW7VWSymTTy5kzZ_dkQ


Pasá y escuchá, sos bienvenido al programa 25 de Blablateca. ¿El tema de hoy? "Cuerpo a tierra".

domingo, 3 de mayo de 2026

Jota

 

 

         Ja. Jueves de junio en Jujuy. Julio juntó guijarros junto al aljibe resquebrajado: jaspes, jades, un menjunje ajetreado que abarajó con enjundia. Jinete de los mejores, dejó su jumento bajo las hojas quejumbrosas.

 

         Juega al ajedrez con trebejos japoneses enajenados a Juan. ¡Jorobarse! Justo rajó por debajo de la reja roja de una jaula: le arrojaban desde el tejado del garaje tejuelas -no jabones- que atajaba con la jeta. Lo fajaría el jardinero Jesús jugando ser juez si no rajaba julepeado al pajonal tras el jacarandá. Justicia por Julio, no es joda.

 

         Jadeante y amasijado, era fija que estaría jodido y cojearía; el traje, hecho jirones, tajeado sin tijera. Juró ejercer justicia, justificar con júbilo y jactancia su juego parejo. Ojeó el reloj sin agujas del tatuaje, homenaje a la Vieja.

 

         Desde lejos lo juna Josefa. Lo aloja y agasaja con pejerrey en rodajas, jurel, abadejo, lonjas de jabalí, tasajo en tajadas, jamón, mollejas con ají rojo, perejil, ajinomoto con ajo, jugo de naranjas y toronjas en jarra rajada, y le granjea majestuosa tinaja con brebaje salvaje, potaje con jengibre y ajenjo.

 

         En el jardín de jacintos y jazmines, Julio, Josefa, Jorge y Jimena, en jean y en ojotas, juegan barajas. Jarana fija de los jóvenes jocosos junto al jagüel.

domingo, 26 de abril de 2026

Blablateca n° 22


 https://open.spotify.com/episode/69WAd55MaQ3c7OIbphwoST?si=4901a8ec532d45ed

"Encuentro en el supermercado" es el título del podcast de esta semana. Pasá y escuchá, sos bienvenido.

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